{"id":2134,"date":"2014-12-31T09:11:39","date_gmt":"2014-12-31T09:11:39","guid":{"rendered":""},"modified":"2014-12-31T09:11:39","modified_gmt":"2014-12-31T09:11:39","slug":"mensaje-del-papa-por-la-jornada-mundial-de-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/2014\/12\/31\/mensaje-del-papa-por-la-jornada-mundial-de-la-paz\/","title":{"rendered":"Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Paz"},"content":{"rendered":"<p>Se hizo p&uacute;blico el Mensaje del Papa Francisco para la celebraci&oacute;n de la Jornada Mundial de la Paz del pr&oacute;ximo 1&ordm; de enero de 2015, titulado &quot;No esclavos, sino hermanos&quot;, cuyo texto publicamos a continuaci&oacute;n:<\/p>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Mensaje del Santo Padre Francisco para la celebraci&oacute;n de la Jornada Mundial de la Paz<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>No esclavos, sino hermanos<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>1. &nbsp; Al comienzo de un nuevo a&ntilde;o, que recibimos como una gracia y un don de Dios a la humanidad, deseo dirigir a cada hombre y mujer, as&iacute; como a los pueblos y naciones del mundo, a los jefes de Estado y de Gobierno, y a los l&iacute;deres de las diferentes religiones, mis mejores deseos de paz, que acompa&ntilde;o con mis oraciones por el fin de las guerras, los conflictos y los muchos sufrimientos causados por el hombre o por antiguas y nuevas epidemias, as&iacute; como por los devastadores efectos de los desastres naturales. Rezo de modo especial para que, respondiendo a nuestra com&uacute;n vocaci&oacute;n de colaborar con Dios y con todos los hombres de buena voluntad en la promoci&oacute;n de la concordia y la paz en el mundo, resistamos a la tentaci&oacute;n de comportarnos de un modo indigno de nuestra humanidad.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp; En el mensaje para el 1&ordm; de enero pasado, se&ntilde;al&eacute; que del &laquo;deseo de una vida plena&hellip; forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comuni&oacute;n con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer&raquo;. Siendo el hombre un ser relacional, destinado a realizarse en un contexto de relaciones interpersonales inspiradas por la justicia y la caridad, es esencial que para su desarrollo se reconozca y respete su dignidad, libertad y autonom&iacute;a. Por desgracia, el flagelo cada vez m&aacute;s generalizado de la explotaci&oacute;n del hombre por parte del hombre da&ntilde;a seriamente la vida de comuni&oacute;n y la llamada a estrechar relaciones interpersonales marcadas por el respeto, la justicia y la caridad. Este fen&oacute;meno abominable, que pisotea los derechos fundamentales de los dem&aacute;s y aniquila su libertad y dignidad, adquiere m&uacute;ltiples formas sobre las que deseo hacer una breve reflexi&oacute;n, de modo que, a la luz de la Palabra de Dios, consideremos a todos los hombres &laquo;no esclavos, sino hermanos&raquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>A la escucha del proyecto de Dios sobre la humanidad<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>2. &nbsp;El tema que he elegido para este mensaje recuerda la carta de san Pablo a Filem&oacute;n, en la que le pide que reciba a On&eacute;simo, antiguo esclavo de Filem&oacute;n y que despu&eacute;s se hizo cristiano, mereciendo por eso, seg&uacute;n Pablo, que sea considerado como un hermano. As&iacute; escribe el Ap&oacute;stol de las gentes: &laquo;Quiz&aacute; se apart&oacute; de ti por breve tiempo para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido&raquo; (Flm 15-16). On&eacute;simo se convirti&oacute; en hermano de Filem&oacute;n al hacerse cristiano. As&iacute;, la conversi&oacute;n a Cristo, el comienzo de una vida de discipulado en Cristo, constituye un nuevo nacimiento (cf. 2 Co 5,17; 1 P 1,3) que regenera la fraternidad como v&iacute;nculo fundante de la vida familiar y base de la vida social.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp;En el libro del G&eacute;nesis, leemos que Dios cre&oacute; al hombre, var&oacute;n y hembra, y los bendijo, para que crecieran y se multiplicaran (cf. 1,27-28): Hizo que Ad&aacute;n y Eva fueran padres, los cuales, cumpliendo la bendici&oacute;n de Dios de ser fecundos y multiplicarse, concibieron la primera fraternidad, la de Ca&iacute;n y Abel. Ca&iacute;n y Abel eran hermanos, porque vienen del mismo vientre, y por lo tanto tienen el mismo origen, naturaleza y dignidad de sus padres, creados a imagen y semejanza de Dios.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp;Pero la fraternidad expresa tambi&eacute;n la multiplicidad y diferencia que hay entre los hermanos, si bien unidos por el nacimiento y por la misma naturaleza y dignidad. Como hermanos y hermanas, todas las personas est&aacute;n por naturaleza relacionadas con las dem&aacute;s, de las que se diferencian pero con las que comparten el mismo origen, naturaleza y dignidad. Gracias a ello la fraternidad crea la red de relaciones fundamentales para la construcci&oacute;n de la familia humana creada por Dios.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Por desgracia, entre la primera creaci&oacute;n que narra el libro del G&eacute;nesis y el nuevo nacimiento en Cristo, que hace de los creyentes hermanos y hermanas del &laquo;primog&eacute;nito entre muchos hermanos&raquo; (Rm 8,29), se encuentra la realidad negativa del pecado, que muchas veces interrumpe la fraternidad creatural y deforma continuamente la belleza y nobleza del ser hermanos y hermanas de la misma familia humana. Ca&iacute;n, adem&aacute;s de no soportar a su hermano Abel, lo mata por envidia cometiendo el primer fratricidio. &laquo;El asesinato de Abel por parte de Ca&iacute;n deja constancia tr&aacute;gicamente del rechazo radical de la vocaci&oacute;n a ser hermanos. Su historia (cf. Gn 4,1-16) pone en evidencia la dificultad de la tarea a la que est&aacute;n llamados todos los hombres, vivir unidos, preocup&aacute;ndose los unos de los otros&raquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Tambi&eacute;n en la historia de la familia de No&eacute; y sus hijos (cf. Gn 9,18-27), la maldad de Cam contra su padre es lo que empuja a No&eacute; a maldecir al hijo irreverente y bendecir a los dem&aacute;s, que s&iacute; lo honraban, dando lugar a una desigualdad entre hermanos nacidos del mismo vientre.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>En la historia de los or&iacute;genes de la familia humana, el pecado de la separaci&oacute;n de Dios, de la figura del padre y del hermano, se convierte en una expresi&oacute;n del rechazo de la comuni&oacute;n traduci&eacute;ndose en la cultura de la esclavitud (cf. Gn 9,25-27), con las consecuencias que ello conlleva y que se perpet&uacute;an de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n: rechazo del otro, maltrato de las personas, violaci&oacute;n de la dignidad y los derechos fundamentales, la institucionalizaci&oacute;n de la desigualdad. De ah&iacute; la necesidad de convertirse continuamente a la Alianza, consumada por la oblaci&oacute;n de Cristo en la cruz, seguros de que &laquo;donde abund&oacute; el pecado, sobreabund&oacute; la gracia&#8230; por Jesucristo&raquo; (Rm 5,20.21). &Eacute;l, el Hijo amado (cf. Mt 3,17), vino a revelar el amor del Padre por la humanidad. El que escucha el evangelio, y responde a la llamada a la conversi&oacute;n, llega a ser en Jes&uacute;s &laquo;hermano y hermana, y madre&raquo; (Mt 12,50) y, por tanto, hijo adoptivo de su Padre (cf. Ef 1,5).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>No se llega a ser cristiano, hijo del Padre y hermano en Cristo, por una disposici&oacute;n divina autoritativa, sin el concurso de la libertad personal, es decir, sin convertirse libremente a Cristo. El ser hijo de Dios responde al imperativo de la conversi&oacute;n: &laquo;Convert&iacute;os y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jes&uacute;s, el Mes&iacute;as, para perd&oacute;n de vuestros pecados, y recibir&eacute;is el don del Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (Hch 2,38). Todos los que respondieron con la fe y la vida a esta predicaci&oacute;n de Pedro entraron en la fraternidad de la primera comunidad cristiana (cf. 1 P 2,17; Hch 1,15.16; 6,3; 15,23): jud&iacute;os y griegos, esclavos y hombres libres (cf. 1 Co 12,13; Ga 3,28), cuya diversidad de origen y condici&oacute;n social no disminuye la dignidad de cada uno, ni excluye a nadie de la pertenencia al Pueblo de Dios. Por ello, la comunidad cristiana es el lugar de la comuni&oacute;n vivida en el amor entre los hermanos (cf. Rm 12,10; 1 Ts 4,9; Hb 13,1; 1 P 1,22; 2 P 1,7).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Todo esto demuestra c&oacute;mo la Buena Nueva de Jesucristo, por la que Dios hace &laquo;nuevas todas las cosas&raquo; (Ap 21,5), tambi&eacute;n es capaz de redimir las relaciones entre los hombres, incluida aquella entre un esclavo y su amo, destacando lo que ambos tienen en com&uacute;n: la filiaci&oacute;n adoptiva y el v&iacute;nculo de fraternidad en Cristo. El mismo Jes&uacute;s dijo a sus disc&iacute;pulos: &laquo;Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&raquo; (Jn 15,15).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>M&uacute;ltiples rostros de la esclavitud de entonces y de ahora<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>3. &nbsp;Desde tiempos inmemoriales, las diferentes sociedades humanas conocen el fen&oacute;meno del sometimiento del hombre por parte del hombre. Ha habido per&iacute;odos en la historia humana en que la instituci&oacute;n de la esclavitud estaba generalmente aceptada y regulada por el derecho. &Eacute;ste establec&iacute;a qui&eacute;n nac&iacute;a libre, y qui&eacute;n, en cambio, nac&iacute;a esclavo, y en qu&eacute; condiciones la persona nacida libre pod&iacute;a perder su libertad u obtenerla de nuevo. En otras palabras, el mismo derecho admit&iacute;a que algunas personas pod&iacute;an o deb&iacute;an ser consideradas propiedad de otra persona, la cual pod&iacute;a disponer libremente de ellas; el esclavo pod&iacute;a ser vendido y comprado, cedido y adquirido como una mercanc&iacute;a.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp;Hoy, como resultado de un desarrollo positivo de la conciencia de la humanidad, la esclavitud, crimen de lesa humanidad, est&aacute; oficialmente abolida en el mundo. El derecho de toda persona a no ser sometida a esclavitud ni a servidumbre est&aacute; reconocido en el derecho internacional como norma inderogable.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp; Sin embargo, a pesar de que la comunidad internacional ha adoptado diversos acuerdos para poner fin a la esclavitud en todas sus formas, y ha dispuesto varias estrategias para combatir este fen&oacute;meno, todav&iacute;a hay millones de personas &ndash;ni&ntilde;os, hombres y mujeres de todas las edades&ndash; privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Me refiero a tantos trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores, desde el trabajo dom&eacute;stico al de la agricultura, de la industria manufacturera a la miner&iacute;a, tanto en los pa&iacute;ses donde la legislaci&oacute;n laboral no cumple con las m&iacute;nimas normas y est&aacute;ndares internacionales, como, aunque de manera ilegal, en aquellos cuya legislaci&oacute;n protege a los trabajadores.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Pienso tambi&eacute;n en las condiciones de vida de muchos emigrantes que, en su dram&aacute;tico viaje, sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa f&iacute;sica y sexualmente. En aquellos que, una vez llegados a su destino despu&eacute;s de un viaje dur&iacute;simo y con miedo e inseguridad, son detenidos en condiciones a veces inhumanas. Pienso en los que se ven obligados a la clandestinidad por diferentes motivos sociales, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, y en aquellos que, con el fin de permanecer dentro de la ley, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles, sobre todo cuando las legislaciones nacionales crean o permiten una dependencia estructural del trabajador emigrado con respecto al empleador, como por ejemplo cuando se condiciona la legalidad de la estancia al contrato de trabajo&#8230; S&iacute;, pienso en el &laquo;trabajo esclavo&raquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Pienso en las personas obligadas a ejercer la prostituci&oacute;n, entre las que hay muchos menores, y en los esclavos y esclavas sexuales; en las mujeres obligadas a casarse, en aquellas que son vendidas con vistas al matrimonio o en las entregadas en sucesi&oacute;n, a un familiar despu&eacute;s de la muerte de su marido, sin tener el derecho de dar o no su consentimiento.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>No puedo dejar de pensar en los ni&ntilde;os y adultos que son v&iacute;ctimas del tr&aacute;fico y comercializaci&oacute;n para la extracci&oacute;n de &oacute;rganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producci&oacute;n o venta de drogas, o para formas encubiertas de adopci&oacute;n internacional.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Pienso finalmente en todos los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las ni&ntilde;as y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Algunas causas profundas de la esclavitud<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>4. Hoy como ayer, en la ra&iacute;z de la esclavitud se encuentra una concepci&oacute;n de la persona humana que admite el que pueda ser tratada como un objeto. Cuando el pecado corrompe el coraz&oacute;n humano, y lo aleja de su Creador y de sus semejantes, &eacute;stos ya no se ven como seres de la misma dignidad, como hermanos y hermanas en la humanidad, sino como objetos. La persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, queda privada de la libertad, mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro, con la fuerza, el enga&ntilde;o o la constricci&oacute;n f&iacute;sica o psicol&oacute;gica; es tratada como un medio y no como un fin.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; Junto a esta causa ontol&oacute;gica &ndash;rechazo de la humanidad del otro&shy;&ndash; hay otras que ayudan a explicar las formas contempor&aacute;neas de la esclavitud. Me refiero en primer lugar a la pobreza, al subdesarrollo y a la exclusi&oacute;n, especialmente cuando se combinan con la falta de acceso a la educaci&oacute;n o con una realidad caracterizada por las escasas, por no decir inexistentes, oportunidades de trabajo. Con frecuencia, las v&iacute;ctimas de la trata y de la esclavitud son personas que han buscado una manera de salir de un estado de pobreza extrema, creyendo a menudo en falsas promesas de trabajo, para caer despu&eacute;s en manos de redes criminales que trafican con los seres humanos. Estas redes utilizan h&aacute;bilmente las modernas tecnolog&iacute;as inform&aacute;ticas para embaucar a j&oacute;venes y ni&ntilde;os en todas las partes del mundo.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Entre las causas de la esclavitud hay que incluir tambi&eacute;n la corrupci&oacute;n de quienes est&aacute;n dispuestos a hacer cualquier cosa para enriquecerse. En efecto, la esclavitud y la trata de personas humanas requieren una complicidad que con mucha frecuencia pasa a trav&eacute;s de la corrupci&oacute;n de los intermediarios, de algunos miembros de las fuerzas del orden o de otros agentes estatales, o de diferentes instituciones, civiles y militares. &laquo;Esto sucede cuando al centro de un sistema econ&oacute;mico est&aacute; el dios dinero y no el hombre, la persona humana. S&iacute;, en el centro de todo sistema social o econ&oacute;mico, tiene que estar la persona, imagen de Dios, creada para que fuera el dominador del universo. Cuando la persona es desplazada y viene el dios dinero sucede esta trastocaci&oacute;n de valores&raquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Otras causas de la esclavitud son los conflictos armados, la violencia, el crimen y el terrorismo. Muchas personas son secuestradas para ser vendidas o reclutadas como combatientes o explotadas sexualmente, mientras que otras se ven obligadas a emigrar, dejando todo lo que poseen: tierra, hogar, propiedades, e incluso la familia. &Eacute;stas &uacute;ltimas se ven empujadas a buscar una alternativa a esas terribles condiciones aun a costa de su propia dignidad y supervivencia, con el riesgo de entrar de ese modo en ese c&iacute;rculo vicioso que las convierte en v&iacute;ctimas de la miseria, la corrupci&oacute;n y sus consecuencias perniciosas.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Compromiso com&uacute;n para derrotar la esclavitud<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>5. &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Con frecuencia, cuando observamos el fen&oacute;meno de la trata de personas, del tr&aacute;fico ilegal de los emigrantes y de otras formas conocidas y desconocidas de la esclavitud, tenemos la impresi&oacute;n de que todo esto tiene lugar bajo la indiferencia general.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp;Aunque por desgracia esto es cierto en gran parte, quisiera mencionar el gran trabajo silencioso que muchas congregaciones religiosas, especialmente femeninas, realizan desde hace muchos a&ntilde;os en favor de las v&iacute;ctimas. Estos Institutos trabajan en contextos dif&iacute;ciles, a veces dominados por la violencia, tratando de romper las cadenas invisibles que tienen encadenadas a las v&iacute;ctimas a sus traficantes y explotadores; cadenas cuyos eslabones est&aacute;n hechos de sutiles mecanismos psicol&oacute;gicos, que convierten a las v&iacute;ctimas en dependientes de sus verdugos, a trav&eacute;s del chantaje y la amenaza, a ellos y a sus seres queridos, pero tambi&eacute;n a trav&eacute;s de medios materiales, como la confiscaci&oacute;n de documentos de identidad y la violencia f&iacute;sica. La actividad de las congregaciones religiosas se estructura principalmente en torno a tres acciones: la asistencia a las v&iacute;ctimas, su rehabilitaci&oacute;n bajo el aspecto psicol&oacute;gico y formativo, y su reinserci&oacute;n en la sociedad de destino o de origen.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Este inmenso trabajo, que requiere coraje, paciencia y perseverancia, merece el aprecio de toda la Iglesia y de la sociedad. Pero, naturalmente, por s&iacute; solo no es suficiente para poner fin al flagelo de la explotaci&oacute;n de la persona humana. Se requiere tambi&eacute;n un triple compromiso a nivel institucional de prevenci&oacute;n, protecci&oacute;n de las v&iacute;ctimas y persecuci&oacute;n judicial contra los responsables. Adem&aacute;s, como las organizaciones criminales utilizan redes globales para lograr sus objetivos, la acci&oacute;n para derrotar a este fen&oacute;meno requiere un esfuerzo conjunto y tambi&eacute;n global por parte de los diferentes agentes que conforman la sociedad.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Los Estados deben vigilar para que su legislaci&oacute;n nacional en materia de migraci&oacute;n, trabajo, adopciones, deslocalizaci&oacute;n de empresas y comercializaci&oacute;n de los productos elaborados mediante la explotaci&oacute;n del trabajo, respete la dignidad de la persona. Se necesitan leyes justas, centradas en la persona humana, que defiendan sus derechos fundamentales y los restablezcan cuando son pisoteados, rehabilitando a la v&iacute;ctima y garantizando su integridad, as&iacute; como mecanismos de seguridad eficaces para controlar la aplicaci&oacute;n correcta de estas normas, que no dejen espacio a la corrupci&oacute;n y la impunidad. Es preciso que se reconozca tambi&eacute;n el papel de la mujer en la sociedad, trabajando tambi&eacute;n en el plano cultural y de la comunicaci&oacute;n para obtener los resultados deseados.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Las organizaciones intergubernamentales, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, est&aacute;n llamadas a implementar iniciativas coordinadas para luchar contra las redes transnacionales del crimen organizado que gestionan la trata de personas y el tr&aacute;fico ilegal de emigrantes. Es necesaria una cooperaci&oacute;n en diferentes niveles, que incluya a las instituciones nacionales e internacionales, as&iacute; como a las organizaciones de la sociedad civil y del mundo empresarial.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Las empresas, en efecto, tienen el deber de garantizar a sus empleados condiciones de trabajo dignas y salarios adecuados, pero tambi&eacute;n han de vigilar para que no se produzcan en las cadenas de distribuci&oacute;n formas de servidumbre o trata de personas. A la responsabilidad social de la empresa hay que unir la responsabilidad social del consumidor. Pues cada persona debe ser consciente de que &laquo;comprar es siempre un acto moral, adem&aacute;s de econ&oacute;mico&raquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Las organizaciones de la sociedad civil, por su parte, tienen la tarea de sensibilizar y estimular las conciencias acerca de las medidas necesarias para combatir y erradicar la cultura de la esclavitud.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la Santa Sede, acogiendo el grito de dolor de las v&iacute;ctimas de la trata de personas y la voz de las congregaciones religiosas que las acompa&ntilde;an hacia su liberaci&oacute;n, ha multiplicado los llamamientos a la comunidad internacional para que los diversos actores unan sus esfuerzos y cooperen para poner fin a esta plaga. Adem&aacute;s, se han organizado algunos encuentros con el fin de dar visibilidad al fen&oacute;meno de la trata de personas y facilitar la colaboraci&oacute;n entre los diferentes agentes, incluidos expertos del mundo acad&eacute;mico y de las organizaciones internacionales, organismos policiales de los diferentes pa&iacute;ses de origen, tr&aacute;nsito y destino de los migrantes, as&iacute; como representantes de grupos eclesiales que trabajan por las v&iacute;ctimas. Espero que estos esfuerzos contin&uacute;en y se redoblen en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Globalizar la fraternidad, no la esclavitud ni la indiferencia<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>6. &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; En su tarea de &laquo;anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad&raquo;, la Iglesia se esfuerza constantemente en las acciones de car&aacute;cter caritativo partiendo de la verdad sobre el hombre. Tiene la misi&oacute;n de mostrar a todos el camino de la conversi&oacute;n, que lleve a cambiar el modo de ver al pr&oacute;jimo, a reconocer en el otro, sea quien sea, a un hermano y a una hermana en la humanidad; reconocer su dignidad intr&iacute;nseca en la verdad y libertad, como nos lo muestra la historia de Josefina Bakhita, la santa proveniente de la regi&oacute;n de Darfur, en Sud&aacute;n, secuestrada cuando ten&iacute;a nueve a&ntilde;os por traficantes de esclavos y vendida a due&ntilde;os feroces. A trav&eacute;s de sucesos dolorosos lleg&oacute; a ser &laquo;hija libre de Dios&raquo;, mediante la fe vivida en la consagraci&oacute;n religiosa y en el servicio a los dem&aacute;s, especialmente a los peque&ntilde;os y d&eacute;biles. Esta Santa, que vivi&oacute; entre los siglos XIX y XX, es hoy un testigo ejemplar de esperanza para las numerosas v&iacute;ctimas de la esclavitud y un apoyo en los esfuerzos de todos aquellos que se dedican a luchar contra esta &laquo;llaga en el cuerpo de la humanidad contempor&aacute;nea, una herida en la carne de Cristo&raquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp;En esta perspectiva, deseo invitar a cada uno, seg&uacute;n su puesto y responsabilidades, a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento. Pregunt&eacute;monos, tanto comunitaria como personalmente, c&oacute;mo nos sentimos interpelados cuando encontramos o tratamos en la vida cotidiana con v&iacute;ctimas de la trata de personas, o cuando tenemos que elegir productos que con probabilidad podr&iacute;an haber sido realizados mediante la explotaci&oacute;n de otras personas. Algunos hacen la vista gorda, ya sea por indiferencia, o porque se desentienden de las preocupaciones diarias, o por razones econ&oacute;micas. Otros, sin embargo, optan por hacer algo positivo, participando en asociaciones civiles o haciendo peque&ntilde;os gestos cotidianos &ndash;que son tan valiosos&ndash;, como decir una palabra, un saludo, un &laquo;buenos d&iacute;as&raquo; o una sonrisa, que no nos cuestan nada, pero que pueden dar esperanza, abrir caminos, cambiar la vida de una persona que vive en la invisibilidad, e incluso cambiar nuestras vidas en relaci&oacute;n con esta realidad.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Debemos reconocer que estamos frente a un fen&oacute;meno mundial que sobrepasa las competencias de una sola comunidad o naci&oacute;n. Para derrotarlo, se necesita una movilizaci&oacute;n de una dimensi&oacute;n comparable a la del mismo fen&oacute;meno. Por esta raz&oacute;n, hago un llamamiento urgente a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, y a todos los que, de lejos o de cerca, incluso en los m&aacute;s altos niveles de las instituciones, son testigos del flagelo de la esclavitud contempor&aacute;nea, para que no sean c&oacute;mplices de este mal, para que no aparten los ojos del sufrimiento de sus hermanos y hermanas en humanidad, privados de libertad y dignidad, sino que tengan el valor de tocar la carne sufriente de Cristo, que se hace visible a trav&eacute;s de los numerosos rostros de los que &eacute;l mismo llama &laquo;mis hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os&raquo; (Mt 25,40.45).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Sabemos que Dios nos pedir&aacute; a cada uno de nosotros: &iquest;Qu&eacute; has hecho con tu hermano? (cf. Gn 4,9-10). La globalizaci&oacute;n de la indiferencia, que ahora afecta a la vida de tantos hermanos y hermanas, nos pide que seamos art&iacute;fices de una globalizaci&oacute;n de la solidaridad y de la fraternidad, que les de esperanza y les haga reanudar con &aacute;nimo el camino, a trav&eacute;s de los problemas de nuestro tiempo y las nuevas perspectivas que trae consigo, y que Dios pone en nuestras manos.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Vaticano, 8 de diciembre de 2014<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Fuente: Vatican Radio<\/div>\n<p><a href=\"http:\/\/web.hilo.org.pe\/wp-content\/uploads\/jornada.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ver archivo adjunto<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se hizo p?blico el Mensaje del Papa Francisco para la celebraci?n de la Jornada Mundial de la Paz del pr?ximo 1? de enero de 2015, titulado &#34;No esclavos, sino hermanos&#34;, cuyo texto publicamos a continuaci?n:<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-2134","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-noticias"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2134","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2134"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2134\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2134"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2134"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2134"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}