{"id":2191,"date":"2015-02-10T11:26:51","date_gmt":"2015-02-10T11:26:51","guid":{"rendered":""},"modified":"2015-02-10T11:26:51","modified_gmt":"2015-02-10T11:26:51","slug":"mensaje-por-la-xiii-jornada-mundial-del-enfermo-2015","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/2015\/02\/10\/mensaje-por-la-xiii-jornada-mundial-del-enfermo-2015\/","title":{"rendered":"Mensaje por la XIII Jornada Mundial del Enfermo 2015"},"content":{"rendered":"<p>MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<\/p>\n<div>CON OCASI&Oacute;N DE LA XXIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2015<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Sapientia cordis.<\/div>\n<div>&laquo;Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies&raquo;&nbsp;<\/div>\n<div>(Jb 29,15)<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Queridos hermanos y hermanas:<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Con ocasi&oacute;n de la XXIII Jornada Mundial de Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, me dirijo a vosotros que llev&aacute;is el peso de la enfermedad y de diferentes modos est&aacute;is unidos a la carne de Cristo sufriente; as&iacute; como tambi&eacute;n a vosotros, profesionales y voluntarios en el &aacute;mbito sanitario.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>El tema de este a&ntilde;o nos invita a meditar una expresi&oacute;n del Libro de Job: &laquo;Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies&raquo; (29,15). Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>1. Esta sabidur&iacute;a no es un conocimiento te&oacute;rico, abstracto, fruto de razonamientos. Antes bien, como la describe Santiago en su Carta, es &laquo;pura, adem&aacute;s pac&iacute;fica, complaciente, d&oacute;cil, llena de compasi&oacute;n y buenos frutos, imparcial, sin hipocres&iacute;a&raquo; (3,17). Por tanto, es una actitud infundida por el Esp&iacute;ritu Santo en la mente y en el coraz&oacute;n de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios. De manera que, hagamos nuestra la invocaci&oacute;n del Salmo: &laquo;&iexcl;A contar nuestros d&iacute;as ens&eacute;&ntilde;anos \/ para que entre la sabidur&iacute;a en nuestro coraz&oacute;n!&raquo; (Sal 90,12). En esta sapientia cordis, que es don de Dios, podemos resumir los frutos de la Jornada Mundial del Enfermo.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>2. Sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n es servir al hermano. En el discurso de Job que contiene las palabras &laquo;Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies&raquo;, se pone en evidencia la dimensi&oacute;n de servicio a los necesitados de parte de este hombre justo, que goza de cierta autoridad y tiene un puesto de relieve entre los ancianos de la ciudad. Su talla moral se manifiesta en el servicio al pobre que pide ayuda, as&iacute; como tambi&eacute;n en el ocuparse del hu&eacute;rfano y de la viuda (vv.12-13).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Cu&aacute;ntos cristianos dan testimonio tambi&eacute;n hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son &laquo;ojos del ciego&raquo; y &laquo;del cojo los pies&raquo;. Personas que est&aacute;n junto a los enfermos &nbsp;que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente f&aacute;cil servir por algunos d&iacute;as, pero es dif&iacute;cil cuidar de una persona durante meses o incluso durante a&ntilde;os, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, &iexcl;qu&eacute; gran camino de santificaci&oacute;n es &eacute;ste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercan&iacute;a del Se&ntilde;or, y se es tambi&eacute;n un apoyo especial para la misi&oacute;n de la Iglesia.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>3. Sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual &laquo;no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos&raquo; (Mt 20,28). Jes&uacute;s mismo ha dicho: &laquo;Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve&raquo; (Lc 22,27).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Pidamos con fe viva al Esp&iacute;ritu Santo que nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompa&ntilde;amiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercan&iacute;a y a nuestro afecto, se sienten m&aacute;s amados y consolados. En cambio, qu&eacute; gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la &laquo;calidad de vida&raquo;, para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no ser&iacute;an dignas de ser vividas.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>4. Sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n es salir de s&iacute; hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenes&iacute; del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensi&oacute;n de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detr&aacute;s de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Se&ntilde;or, que dice: &laquo;A m&iacute; me lo hicisteis&raquo; (Mt 25,40).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Por esto, quisiera recordar una vez m&aacute;s &laquo;la absoluta prioridad de la &ldquo;salida de s&iacute; hacia el otro&rdquo; como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo m&aacute;s claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donaci&oacute;n absolutamente gratuita de Dios&raquo; (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 179). De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan &laquo;la caridad efectiva con el pr&oacute;jimo, la compasi&oacute;n que comprende, asiste y promueve&raquo; (ib&iacute;d.).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>5. Sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: &laquo;Luego se sentaron en el suelo junto a &eacute;l, durante siete d&iacute;as y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque ve&iacute;an que el dolor era muy grande&raquo; (Jb 2,13). Pero los amigos de Job escond&iacute;an dentro de s&iacute; un juicio negativo sobre &eacute;l: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participaci&oacute;n que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobaci&oacute;n y se complace del bien hecho.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>La experiencia de Job encuentra su respuesta aut&eacute;ntica s&oacute;lo en la Cruz de Jes&uacute;s, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son esc&aacute;ndalo para la fe pero tambi&eacute;n son verificaci&oacute;n de la fe (Cf. Homil&iacute;a con ocasi&oacute;n de la canonizaci&oacute;n de Juan XXIII y Juan Pablo II, 27 de abril de 2014).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Tambi&eacute;n cuando la enfermedad, la soledad y la incapacidad predominan sobre nuestra vida de donaci&oacute;n, la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisi&oacute;n de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sapientia cordis. Se comprende as&iacute; c&oacute;mo Job, al final de su experiencia, dirigi&eacute;ndose a Dios puede afirmar: &laquo;Yo te conoc&iacute;a s&oacute;lo de o&iacute;das, mas ahora te han visto mis ojos&raquo; (42,5). De igual modo, las personas sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento, aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el fondo.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>6. Conf&iacute;o esta Jornada Mundial del Enfermo a la protecci&oacute;n materna de Mar&iacute;a, que ha acogido en su seno y ha generado la Sabidur&iacute;a encarnada, Jesucristo, nuestro Se&ntilde;or.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Oh Mar&iacute;a, Sede de la Sabidur&iacute;a, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al pr&oacute;jimo que sufre y a trav&eacute;s de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabidur&iacute;a del coraz&oacute;n.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Acompa&ntilde;o esta s&uacute;plica por todos vosotros con la Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Vaticano, 30 de diciembre de 2014<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Memorial de San Francisco Javier<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>FRANCISCUS<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<p><a href=\"http:\/\/web.hilo.org.pe\/wp-content\/uploads\/jornadamundial.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ver archivo adjunto<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mensaje del Santo Padre Francisco con ocasi?n de la XXIII Jornada Mundial del enfermo 2015<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-2191","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-noticias"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2191","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2191"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2191\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2191"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2191"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2191"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}