{"id":2269,"date":"2015-04-01T10:24:45","date_gmt":"2015-04-01T10:24:45","guid":{"rendered":""},"modified":"2015-04-01T10:24:45","modified_gmt":"2015-04-01T10:24:45","slug":"el-papa-francisco-explica-la-semana-santa","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/2015\/04\/01\/el-papa-francisco-explica-la-semana-santa\/","title":{"rendered":"El Papa Francisco explica la Semana Santa"},"content":{"rendered":"<p>Queridos amigos, en su catequesis de la audiencia general de hoy, el Papa Francisco explic&oacute; los tres d&iacute;as m&aacute;s importantes de la Semana Santa -jueves, viernes y s&aacute;bado, que se denominan &quot;Triduo Pascual&quot;-. Como se trata de una catequesis muy interesante, y como ma&ntilde;ana ya es Jueves Santo, compartimos con ustedes el texto completo:<\/p>\n<div>&laquo;Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as!<\/div>\n<div>Ma&ntilde;ana es Jueves Santo. En la tarde, con la Santa Misa &ldquo;en la Cena del Se&ntilde;or&rdquo; iniciar&aacute; el Triduo Pascual de la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo, que es el culmen de todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico y tambi&eacute;n el culmen de nuestra vida cristiana.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>El Triduo se abre con la conmemoraci&oacute;n de la &Uacute;ltima Cena. Jes&uacute;s, en la vigilia de su pasi&oacute;n, ofreci&oacute; al Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las formas del pan y del vino y, don&aacute;ndolos como alimento a los ap&oacute;stoles, les orden&oacute; que perpetuaran la ofrenda en su memoria.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>El Evangelio de esta celebraci&oacute;n, recordando el lavatorio de los pies, expresa el mismo significado de la Eucarist&iacute;a bajo otra perspectiva. Jes&uacute;s &ndash; como un siervo &ndash; lava los pies de Sim&oacute;n Pedro y de los otros once disc&iacute;pulos (cfr. Jn 13,4-5).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Con este gesto prof&eacute;tico, &Eacute;l expresa el sentido de su vida y de su pasi&oacute;n como servicio a Dios y a los hermanos: &ldquo;Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir&rdquo; (Mc 10,45).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Esto sucedi&oacute; tambi&eacute;n en nuestro Bautismo, cuando la gracia de Dios nos ha lavado del pecado y nos hemos revestido de Cristo (cfr. Col 3,10). Esto sucede cada vez que realizamos el memorial del Se&ntilde;or en la Eucarist&iacute;a: hacemos comuni&oacute;n con Cristo Siervo para obedecer a su mandamiento, el de amarnos como &Eacute;l nos ha amado (cfr. Jn 13,34; 15,12).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Si nos acercamos a la Santa Comuni&oacute;n sin estar sinceramente dispuestos a lavarnos los pies los unos a los otros, no reconocemos el Cuerpo del Se&ntilde;or. Es el servicio de Jes&uacute;s don&aacute;ndose a s&iacute; mismo, totalmente.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Despu&eacute;s, pasado ma&ntilde;ana, en la liturgia del Viernes Santo, meditamos el misterio de la muerte de Cristo y adoramos la Cruz.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>En los &uacute;ltimos instantes de vida, antes de entregar el esp&iacute;ritu al Padre, Jes&uacute;s dijo: &ldquo;Todo se ha cumplido&rdquo; (Jn 19,30). &iquest;Qu&eacute; significa esta palabra, que Jes&uacute;s diga: &ldquo;Todo se ha cumplido&rdquo;? Significa que la obra de la salvaci&oacute;n est&aacute; cumplida, que todas las Escrituras encuentran su pleno cumplimiento en el amor de Cristo, Cordero inmolado. Jes&uacute;s, con su Sacrificio, ha transformado la m&aacute;s grande iniquidad en el m&aacute;s grande amor.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>A lo largo de los siglos, encontramos hombres y mujeres que con el testimonio de su existencia reflejan un rayo de este amor perfecto, pleno, incontaminado.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Me gusta recordar un heroico testigo de nuestros d&iacute;as, Don Andrea Santoro, sacerdote de la di&oacute;cesis de Roma y misionero en Turqu&iacute;a. Unos d&iacute;as antes de ser asesinado en Trebisonda, escrib&iacute;a: &ldquo;Estoy aqu&iacute; para habitar en medio de esta gente y permitir hacerlo a Jes&uacute;s,<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>prest&aacute;ndole mi carne&hellip; Nos hacemos capaces de salvaci&oacute;n s&oacute;lo ofreciendo la propia carne. El mal del mundo hay que llevarlo y el dolor hay que compartirlo, absorbi&eacute;ndolo en la propia carne hasta el final, como lo hizo Jes&uacute;s&rdquo;. (A. Polselli, Don Andrea Santoro, las herencias, Citt&agrave; Nuova, Roma 2008, p. 31).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Que este ejemplo de un hombre de nuestros tiempos, y tantos otros, nos sostengan en el ofrecer nuestra vida como don de amor a los hermanos, a imitaci&oacute;n de Jes&uacute;s.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Y tambi&eacute;n hoy hay tantos hombres y mujeres, verdaderos m&aacute;rtires que ofrecen su vida con Jes&uacute;s para confesar la fe, solamente por aquel motivo. Es un servicio, servicio del testimonio cristiano hasta la sangre, servicio que nos ha hecho Cristo: nos ha redimido hasta el final. &iexcl;Y es &eacute;ste el significado de aquella frase &ldquo;Todo se ha cumplido&rdquo;!<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Qu&eacute; bello ser&aacute; que todos nosotros, al final de nuestra vida, con nuestros errores, nuestros pecados, tambi&eacute;n con nuestras buenas obras, con nuestro amor al pr&oacute;jimo, podamos decir al Padre como Jes&uacute;s: &iexcl;&ldquo;Todo se ha cumplido&rdquo;!<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Pero no con la perfecci&oacute;n con la que lo dijo Jes&uacute;s, sino decir: &ldquo;Se&ntilde;or, he hecho todo lo que pod&iacute;a hacer&rdquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&iexcl;&ldquo;Todo se ha cumplido&rdquo;! Adorando la Cruz, mirando a Jes&uacute;s, pensemos en el amor, en el servicio, en nuestra vida, en los m&aacute;rtires cristianos. Y tambi&eacute;n nos har&aacute; bien pensar en el fin de nuestra vida. Ninguno de nosotros sabe cu&aacute;ndo suceder&aacute; esto, pero podemos pedir la gracia de poder decir: &ldquo;Padre, he hecho todo lo que pod&iacute;a hacer&rdquo;. &iexcl;&ldquo;Todo se ha cumplido&rdquo;!<\/div>\n<div>El S&aacute;bado Santo es el d&iacute;a en el cual la Iglesia contempla el &ldquo;reposo&rdquo; de Cristo en la tumba despu&eacute;s del victorioso combate en la Cruz. En el S&aacute;bado Santo, la Iglesia, una vez m&aacute;s, se identifica con Mar&iacute;a: toda su fe est&aacute; recogida en ella, la primera y perfecta disc&iacute;pula, la primera y perfecta creyente.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>En la oscuridad que envuelve la creaci&oacute;n, Ella se queda sola para tener encendida la llama de la fe, esperando contra toda esperanza (cfr. Rm 4,18) en la Resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s.<\/div>\n<div>Y en la grande Vigilia Pascual, en la cual resuena nuevamente el Aleluya, celebramos a Cristo Resucitado, centro y fin del cosmos y de la historia; vigilamos plenos de esperanza en espera de su regreso, cuando la Pascua tendr&aacute; su plena manifestaci&oacute;n.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>A veces, la oscuridad de la noche parece que penetra en el alma; a veces pensamos: &ldquo;Ya no hay nada m&aacute;s que hacer&rdquo;, y el coraz&oacute;n no encuentra m&aacute;s la fuerza de amar&hellip; Pero precisamente en aquella oscuridad Cristo enciende el fuego del amor de Dios: un resplandor rompe la oscuridad y anuncia un nuevo inicio, algo comienza en la oscuridad m&aacute;s profunda.<\/div>\n<div>Nosotros sabemos que la noche es m&aacute;s noche y tiene m&aacute;s oscuridad antes que comience la jornada. Pero, justamente, en aquella oscuridad est&aacute; Cristo que vence y que enciende el fuego del amor. La piedra del dolor ha sido volcada dejando espacio a la esperanza. &iexcl;He aqu&iacute; el gran misterio de la Pascua!<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>En esta santa noche la Iglesia nos entrega la luz del Resucitado, para que en nosotros no exista el lamento de quien dice &ldquo;ya&hellip;&rdquo;, sino la esperanza de quien se abre a un presente lleno de futuro: Cristo ha vencido la muerte y nosotros con &Eacute;l.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Nuestra vida no termina delante de la piedra de un Sepulcro, nuestra vida va m&aacute;s all&aacute;, con la esperanza al Cristo que ha resucitado, precisamente, de aquel Sepulcro. Como cristianos estamos llamados a ser centinelas de la ma&ntilde;ana que sepan advertir los signos del Resucitado, como han hecho las mujeres y los disc&iacute;pulos que fueron al sepulcro en el alba del primer d&iacute;a de la semana.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Queridos hermanos y hermanas, en estos d&iacute;as del Triduo Santo no nos limitemos a conmemorar la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or sino que entremos en el misterio, hagamos nuestros sus sentimientos, sus actitudes, como nos invita a hacer el ap&oacute;stol Pablo: &ldquo;Tengan en ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jes&uacute;s&rdquo; (Fil 2,5). Entonces la nuestra ser&aacute; una &ldquo;buena Pascua&rdquo;&raquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Fuente: &nbsp;Radio Vaticano<\/div>\n<p><a href=\"http:\/\/web.hilo.org.pe\/wp-content\/uploads\/papasemanasanta.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ver archivo adjunto<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Queridos amigos, en su catequesis de la audiencia general de hoy, el Papa Francisco explic? los tres d?as m?s importantes de la Semana Santa -jueves, viernes y s?bado, que se denominan &#34;Triduo Pascual&#34;-. 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