{"id":2403,"date":"2015-07-08T12:55:17","date_gmt":"2015-07-08T12:55:17","guid":{"rendered":""},"modified":"2015-07-08T12:55:17","modified_gmt":"2015-07-08T12:55:17","slug":"vivir-la-unidad-para-que-el-mundo-crea-francisco-en-ecuador","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/2015\/07\/08\/vivir-la-unidad-para-que-el-mundo-crea-francisco-en-ecuador\/","title":{"rendered":"\u00abVivir la unidad, para que el mundo crea\u00bb: Francisco en Ecuador"},"content":{"rendered":"<div>En su homil&iacute;a del Papa Francisco en la Santa Misa por la Evangelizaci&oacute;n de los Pueblos, celebrada ayer en el Parque Bicentenario de Quito(Ecuador), el Santo Padre llam&oacute; a la unidad.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&ldquo;Me imagino ese susurro de Jes&uacute;s en la &uacute;ltima Cena (&hellip;) &laquo;Padre, que sean uno para que el mundo crea&raquo;, as&iacute; lo dese&oacute; mirando al cielo. A Jes&uacute;s le brota este pedido en un contexto de env&iacute;o: Como T&uacute; me has enviado al mundo, yo tambi&eacute;n los he enviado al mundo. En ese momento, el Se&ntilde;or est&aacute; experimentando en carne propia lo peorcito de este mundo al que ama, aun as&iacute;, con locura: intrigas, desconfianzas, traici&oacute;n. Pero no esconde la cabeza, no se lamenta.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Tambi&eacute;n nosotros constatamos a diario que vivimos en un mundo lacerado por las guerras y la violencia. Ser&iacute;a superficial pensar que la divisi&oacute;n y el odio afectan s&oacute;lo a las tensiones entre los pa&iacute;ses o los grupos sociales. En realidad, son manifestaci&oacute;n de ese &laquo;difuso individualismo&raquo; que nos separa y nos enfrenta, son manifestaci&oacute;n de la herida del pecado en el coraz&oacute;n de las personas, cuyas consecuencias sufre tambi&eacute;n la sociedad y la creaci&oacute;n entera.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Precisamente, a este mundo desafiante, con sus ego&iacute;smos, Jes&uacute;s nos env&iacute;a, y nuestra respuesta no es hacernos los distra&iacute;dos, arg&uuml;ir que no tenemos medios o que la realidad nos sobrepasa. Nuestra respuesta repite el clamor de Jes&uacute;s y acepta la gracia y la tarea de la unidad. (&hellip;)<\/div>\n<div>La evangelizaci&oacute;n puede ser veh&iacute;culo de unidad de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones y hasta de ciertas utop&iacute;as. Claro que s&iacute;; eso creemos y gritamos. &laquo;Mientras en el mundo, especialmente en algunos pa&iacute;ses, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos queremos insistir en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos &ldquo;mutuamente a llevar las cargas&rdquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>El anhelo de unidad supone la dulce y confortadora alegr&iacute;a de evangelizar, la convicci&oacute;n de tener un inmenso bien que comunicar, y que comunic&aacute;ndolo, se arraiga; y cualquier persona que haya vivido esta experiencia adquiere m&aacute;s sensibilidad para las necesidades de los dem&aacute;s. De ah&iacute;, la necesidad de luchar por la inclusi&oacute;n a todos los niveles, &iexcl;luchar por la inclusi&oacute;n a todos los niveles! Evitando ego&iacute;smos, promoviendo la comunicaci&oacute;n y el di&aacute;logo, incentivando la colaboraci&oacute;n.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Hay que confiar el coraz&oacute;n al compa&ntilde;ero de camino sin recelos, sin desconfianzas. &laquo;Confiarse al otro es algo artesanal, porque la paz es algo artesanal&raquo; (ibid., 244), es impensable que brille la unidad si la mundanidad espiritual nos hace estar en guerra entre nosotros, en una b&uacute;squeda est&eacute;ril de poder, prestigio, placer o seguridad econ&oacute;mica. Y esto a costillas de los m&aacute;s pobres, de los m&aacute;s excluidos, de los m&aacute;s indefensos, de los que no pierden su dignidad pese a que se la golpean todos los d&iacute;as.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Esta unidad es ya una acci&oacute;n misionera &laquo;para que el mundo crea&raquo;. La evangelizaci&oacute;n no consiste en hacer proselitismo, el proselitismo es una caricatura de la evangelizaci&oacute;n. Evangelizar es atraer con nuestro testimonio a los alejados, es acercarse humildemente a aquellos que se sienten lejos de Dios en la Iglesia, acercarse a los que se sienten juzgados y condenados a priori por los que se sienten perfectos y puros.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Acercarnos a los que son temerosos o a los indiferentes para decirles: &laquo;El Se&ntilde;or tambi&eacute;n te llama a ser parte de su pueblo y lo hace con gran respeto y amor&raquo; (ibid., 113). Porque nuestro Dios nos respeta hasta en nuestras bajezas y en nuestro pecado. Este llamamiento del Se&ntilde;or con qu&eacute; humildad y con qu&eacute; respeto lo describe el texto del Apocalipsis: &ldquo;Mir&aacute;, estoy a la puerta y llamo, si quer&eacute;s abrir&#8230;&rdquo;. No fuerza, no hace saltar la cerradura, simplemente, toca el timbre, golpea suavemente y espera &iexcl;&eacute;se es nuestro Dios!<\/div>\n<div>La misi&oacute;n de la Iglesia, como sacramento de la salvaci&oacute;n, condice con su identidad como Pueblo en camino, con vocaci&oacute;n de incorporar en su marcha a todas las naciones de la tierra. Cuanto m&aacute;s intensa es la comuni&oacute;n entre nosotros, tanto m&aacute;s se ve favorecida la misi&oacute;n (cf. Juan Pablo II, Pastores gregis, 22).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Poner a la Iglesia en estado de misi&oacute;n nos pide recrear la comuni&oacute;n pues no se trata ya de una acci&oacute;n s&oacute;lo hacia afuera&hellip; nos misionamos tambi&eacute;n hacia adentro y misionamos hacia afuera manifest&aacute;ndonos como se manifiesta &laquo;una madre que sale al encuentro, como se manifiesta una casa acogedora, una escuela permanente de comuni&oacute;n misionera&raquo;.<\/div>\n<div>Este sue&ntilde;o de Jes&uacute;s es posible porque nos ha consagrado, por &laquo;ellos me consagro a m&iacute; mismo dice, para que ellos tambi&eacute;n sean consagrados en la verdad&raquo; (Jn 17,19). La vida espiritual del evangelizador nace de esta verdad tan honda, que no se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio; una espiritualidad quiz&aacute;s difusa.<\/div>\n<div>Jes&uacute;s nos consagra para suscitar un encuentro con &Eacute;l, persona a persona, un encuentro que alimenta el encuentro con los dem&aacute;s, el compromiso en el mundo y la pasi&oacute;n evangelizadora.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>La intimidad de Dios, para nosotros incomprensible, se nos revela con im&aacute;genes que nos hablan de comuni&oacute;n, comunicaci&oacute;n, donaci&oacute;n, amor. Por eso la uni&oacute;n que pide Jes&uacute;s no es uniformidad sino la &laquo;multiforme armon&iacute;a que atrae&raquo; (ibid., 117). La inmensa riqueza de lo variado, de lo m&uacute;ltiple que alcanza la unidad cada vez que hacemos memoria de aquel Jueves Santo, nos aleja de tentaciones de propuestas unicistas m&aacute;s cercanas a dictaduras, a ideolog&iacute;as, a sectarismos.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>La propuesta de Jes&uacute;s, la propuesta de Jes&uacute;s es concreta, es concreta, no es de idea. Es concreta: and&aacute; y hac&eacute; lo mismo, le dice a aquel que le pregunt&oacute; &iquest;Qui&eacute;n es tu pr&oacute;jimo? Despu&eacute;s de haber contado la par&aacute;bola del buen samaritano, and&aacute; y hac&eacute; lo mismo.<\/div>\n<div>Tampoco la propuesta de Jes&uacute;s es un arreglo hecho a nuestra medida, en el que nosotros ponemos las condiciones, elegimos los integrantes y excluimos a los dem&aacute;s. Una religiosidad de &eacute;lite&hellip; Jes&uacute;s reza para que formemos parte de una gran familia, en la que Dios es nuestro Padre, todos nosotros somos hermanos. Nadie es excluido y esto no se fundamenta en tener los mismos gustos, las mismas inquietudes, los mismos talentos. Somos hermanos porque, por amor, Dios nos ha creado y nos ha destinado, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos (cf. Ef 1,5).<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Somos hermanos porque &laquo;Dios infundi&oacute; en nuestros corazones el Esp&iacute;ritu de su Hijo, que clama &iexcl;Abba!, &iexcl;Padre!&raquo; (Ga 4,6). Somos hermanos porque, justificados por la sangre de Cristo Jes&uacute;s (cf. Rm 5,9), hemos pasado de la muerte a la vida haci&eacute;ndonos &laquo;coherederos&raquo; de la promesa (cf. Ga 3,26-29; Rm 8, 17). Esa es la salvaci&oacute;n que realiza Dios y anuncia gozosamente la Iglesia: formar parte de un &laquo;nosotros&raquo; que llega hasta el nosotros divino. (&hellip;)<\/div>\n<div>Y qu&eacute; lindo ser&iacute;a que todos pudieran admirar c&oacute;mo nos cuidamos unos a otros. C&oacute;mo mutuamente nos damos aliento y c&oacute;mo nos acompa&ntilde;amos. El don de s&iacute; es el que establece la relaci&oacute;n interpersonal que no se genera dando &laquo;cosas&raquo;, sino d&aacute;ndose a s&iacute; mismo. En cualquier donaci&oacute;n se ofrece la propia persona. &laquo;Darse&raquo;, darse, significa dejar actuar en s&iacute; mismo toda la potencia del amor que es Esp&iacute;ritu de Dios y as&iacute; dar paso a su fuerza creadora.<\/div>\n<div>Y darse a&uacute;n en los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles como aquel Jueves Santo de Jes&uacute;s, donde &Eacute;l sab&iacute;a c&oacute;mo se tej&iacute;an las traiciones y las intrigas pero se dio y se dio, se dio a nosotros mismos con su proyecto de salvaci&oacute;n. Don&aacute;ndose el hombre vuelve a encontrarse a s&iacute; mismo con su verdadera identidad de hijo de Dios, semejante al Padre y, como &Eacute;l, dador de vida, hermano de Jes&uacute;s, del cual da testimonio.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Eso es evangelizar, &eacute;sa es nuestra revoluci&oacute;n &ndash;porque nuestra fe siempre es revolucionaria&ndash;, &eacute;se es nuestro m&aacute;s profundo y constante grito&rdquo;. (Fuente: Newsva)<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/web.hilo.org.pe\/wp-content\/uploads\/20150708_FranciscoEcuador2.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ver archivo adjunto<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su homil?a del Papa Francisco en la Santa Misa por la Evangelizaci?n de los Pueblos, celebrada ayer en el Parque Bicentenario de Quito(Ecuador), el Santo Padre llam? a la unidad.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-2403","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-noticias"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2403","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2403"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2403\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2403"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2403"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2403"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}