{"id":2481,"date":"2015-09-03T15:33:25","date_gmt":"2015-09-03T15:33:25","guid":{"rendered":""},"modified":"2015-09-03T15:33:25","modified_gmt":"2015-09-03T15:33:25","slug":"papa-pide-a-padres-de-schoenstatt-cuidar-de-las-familias-y-testimoniar-la-misericordia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/web.hilo.org.pe\/index.php\/2015\/09\/03\/papa-pide-a-padres-de-schoenstatt-cuidar-de-las-familias-y-testimoniar-la-misericordia\/","title":{"rendered":"Papa pide a padres de Schoenstatt: cuidar de las familias y testimoniar la misericordia"},"content":{"rendered":"<p>(RV).- El Papa Francisco alent&oacute; a los Padres de Schoenstatt a mantener vivo su carisma fundacional y a transmitirlo a los m&aacute;s j&oacute;venes. Al recibir con gran alegr&iacute;a a los participantes en el V Cap&iacute;tulo general, el Obispo de Roma asegur&oacute; que permanece vivo en su memoria el encuentro que mantuvo con este Movimiento Apost&oacute;lico, el 25 de octubre de 2014, en el centenario de su fundaci&oacute;n.<\/p>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Evocando al P. Jos&eacute; Kentenich, que fund&oacute; el Instituto Secular de los Padres de Schoenstatt, comunidad de sacerdotes de derecho pontificio, el 18 julio de 1965 &#8211; para estar al servicio y animar apost&oacute;licamente el Movimiento Apost&oacute;lico de Schoenstatt &ndash; el Sucesor de Pedro hizo hincapi&eacute; en la importancia de recordar que &laquo;un carisma no es una pieza de museo&raquo; y que hay que impulsar que sea fecundo en su encuentro con la realidad:<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&laquo;El carisma crece, se renueva y tambi&eacute;n la realidad se transforma, se transfigura por la fuerza espiritual que ese carisma lleva consigo. El P. Kentenich lo expresaba muy bien cuando dec&iacute;a que hab&iacute;a que estar &lsquo;con el o&iacute;do en el coraz&oacute;n de Dios y la mano en el pulso del tiempo&rsquo;. Aqu&iacute; est&aacute;n los dos pilares de una aut&eacute;ntica vida espiritual&raquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Que Cristo ocupe el centro de nuestra vida y Dios nos libre del esp&iacute;ritu de funcionalismo y del &lsquo;escalafonismo&rsquo;, dese&oacute; el Santo Padre. Recordando asimismo que ser&iacute;a un grave error pensar que el carisma se mantiene vivo concentr&aacute;ndose en estructuras externas, esquemas, m&eacute;todos y formas. Y destacando que el di&aacute;logo con Dios en la oraci&oacute;n nos lleva tambi&eacute;n a escuchar su voz en las personas y en la oraci&oacute;n aprendemos a no pasar de largo ante Cristo que sufre en sus hermanos.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Alent&aacute;ndolos a perseverar en la contemplaci&oacute;n, en el servicio y en la fraternidad, compartiendo con los Padres de Schoenstatt &laquo;estas tres aptitudes que pueden ser de ayuda en la vida sacerdotal&raquo;, el Papa les encomend&oacute; tres cosas, que lleva en su coraz&oacute;n:<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&laquo;Al final de nuestro encuentro, perm&iacute;tanme que les encomiende humildemente tres cosas. En primer lugar, acompa&ntilde;ar y cuidar a las familias, necesitan ser acompa&ntilde;adas, para que vivan santamente su alianza de amor y de vida, especialmente a aquellas que atraviesan por momentos de crisis o dificultad. En segundo lugar, y pensando en el pr&oacute;ximo Jubileo de la Misericordia, que dediquen mucho tiempo al sacramento de la reconciliaci&oacute;n. &iexcl;Sean grandes perdonadores por favor! A m&iacute; me hace bien recordar a un fraile de Buenos Aires, que es un gran perdonador. Tiene casi mi edad y, a veces le agarran escr&uacute;pulos, de haber perdonado demasiado. Y un d&iacute;a le pregunt&eacute;: &ldquo;&iquest;Y vos qu&eacute; hac&eacute;s cuando te agarran los escr&uacute;pulos?&rdquo; &ndash; &ldquo;Voy a la capilla, miro el sagrario, y le digo: Se&ntilde;or, perdoname, hoy perdon&eacute; demasiado, pero que quede claro que el mal ejemplo me lo diste vos&rdquo;. Que sean en sus comunidades testigos de la misericordia y la ternura de Dios. Y en tercer lugar, que recen por m&iacute;, porque lo necesito. Los encomiendo con afecto al cuidado de nuestra Madre Tres Veces Admirable. Que Dios los bendiga&raquo;.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Texto completo del discurso del Papa:<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Queridos hermanos sacerdotes,<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; estoy contento de estar con ustedes en este encuentro. Y agradezco a Juan Pablo ( Catoggio, Superior General del Instituto Padres de Schoenstatt) estas palabras, as&iacute; como el testimonio de afecto en nombre de los miembros del Movimiento. Todav&iacute;a yo tambi&eacute;n tengo vivo en mi memoria el encuentro del a&ntilde;o pasado.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; El V Cap&iacute;tulo General que acaban ustedes de celebrar tiene lugar en el 50 aniversario de la fundaci&oacute;n del Instituto por parte del P. Jos&eacute; Kentenich. Y tras estos a&ntilde;os de recorrido les preocupa mantener vivo el carisma fundacional y la capacidad de saber transmitirlo a los m&aacute;s j&oacute;venes. A m&iacute; tambi&eacute;n me preocupa, &iexcl;eh!, que lo mantengan el carisma y lo transmitan, de tal manera que siga inspirando y sosteniendo sus vidas y su misi&oacute;n. Ustedes saben que un carisma no es una pieza de museo, que permanece intacta en una vitrina, para ser contemplada y nada m&aacute;s. La fidelidad, el mantener puro el carisma, no significa de ning&uacute;n modo encerrarlo en una botella sellada, como si fuera agua destilada, para que no se contamine con el exterior. No, el carisma no se conserva teni&eacute;ndolo guardado; hay que abrirlo y dejar que salga, para que entre en contacto con la realidad, con las personas, con sus inquietudes y sus problemas. Y as&iacute;, en ese este encuentro fecundo con la realidad, el carisma crece, se renueva y tambi&eacute;n la realidad se transforma, se transfigura por la fuerza espiritual que ese carisma lleva consigo.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; El P. Kentenich lo expresaba muy bien cuando dec&iacute;a que hab&iacute;a que estar &laquo;con el o&iacute;do en el coraz&oacute;n de Dios y la mano en el pulso del tiempo&raquo;. Aqu&iacute; est&aacute;n los dos pilares de una aut&eacute;ntica vida espiritual.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Por una parte, el contacto con Dios. &Eacute;l tiene la primac&iacute;a, nos ha amado primero; antes de que a nosotros se nos ocurra algo, &Eacute;l ya nos ha precedido con su amor inmenso. Y San Pablo nos advierte que no nos atribuyamos cosa alguna, como si fuera nuestra, sino que la capacidad nos viene de Dios (cf. 2 Co 3,4-6). Hoy, en el Oficio divino, la lectura de san Gregorio Magno nos hablaba del sacerdote que est&aacute; puesto como atalaya en medio del pueblo, para ver desde lejos todo lo que se acerca (cf. Homil&iacute;a sobre Ezequiel, Lib.1,11,4). As&iacute; es el sacerdote. Me refiero al sacerdote despierto porque el dormido, por m&aacute;s arriba que est&eacute;, no ve nada, &iquest;no? As&iacute; es el sacerdote. Como el resto de sus hermanos, tambi&eacute;n &eacute;l est&aacute; en la llanura de su debilidad, de sus pocas fuerzas. Pero el Se&ntilde;or lo llama para que se eleve, para que suba al atalaya de la oraci&oacute;n, a la altura de Dios; lo llama a entrar en di&aacute;logo con &eacute;l: di&aacute;logo de amor, de padre a hijo, de hermano a hermano, di&aacute;logo en el que se siente el latir del coraz&oacute;n de Dios y se aprende a ver m&aacute;s lejos, m&aacute;s en profundidad. Y siempre me impresion&oacute; la figura de Mois&eacute;s, &iquest;no?, que estaba en medio del pueblo, en medio de los l&iacute;os, de las peleas con el fara&oacute;n, problemas por resolver graves, como cuando estaba a la orilla del mar y vio venir el ej&eacute;rcito del fara&oacute;n: &ldquo;&iquest;qu&eacute; hago ahora?&rdquo;. Un hombre a quien Dios llamaba a ser atalaya. Los llev&oacute; arriba y hablaba cara a cara. &iexcl;Qu&eacute; tipazo!, hubi&eacute;ramos dicho nosotros. Y qu&eacute; dice la Biblia: era el hombre m&aacute;s humilde que hab&iacute;a sobre la tierra. No hubo hombre tan humilde como Mois&eacute;s. Cuando nos dejamos elevar al atalaya de la oraci&oacute;n, a la intimidad con Dios para servir a los hermanos, el signo es la humildad. No s&eacute;, m&iacute;danse con eso. En cambio, cuando son medio &ldquo;gallitos&rdquo;, medio suficientes, es porque estamos a mitad de camino o creemos que nosotros nos valemos.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>El Se&ntilde;or nos espera en la oraci&oacute;n &ndash;por favor, no la dejen-, en la contemplaci&oacute;n de su Palabra, en el rezo de la Liturgia de las Horas. No es buen camino descuidar la oraci&oacute;n o, peor a&uacute;n, abandonarla con la excusa de un ministerio absorbente, porque &laquo;si el Se&ntilde;or no edifica construye la casa, en vano se cansan los alba&ntilde;iles&raquo; (Sal 127,1). Ser&iacute;a un grave error pensar que el carisma se mantiene vivo concentr&aacute;ndose en las estructuras externas, en los esquemas, en los m&eacute;todos, en la forma. Dios nos libre del esp&iacute;ritu del de funcionalismo, eh! La vitalidad del carisma radica en el &laquo;primer amor&raquo; (cf. Ap 2,4). Del segundo cap&iacute;tulo de Jerem&iacute;as, &iquest;no?, &ldquo;yo me acuerdo de los a&ntilde;os de tu juventud, cuando me segu&iacute;as contenta por el desierto. El primer amor, volver al primer amor. Ese primer amor renovado d&iacute;a a d&iacute;a, en la disposici&oacute;n a escuchar y responder con generosidad enamorada. En la contemplaci&oacute;n, al abrimos a la novedad del Esp&iacute;ritu, a las sorpresas, como vos dijiste, dejamos que el Se&ntilde;or nos sorprenda y abra caminos de gracia en nuestra vida. Y se opera en nosotros ese sano y necesario descentramiento, en el que nosotros nos apartamos para que Cristo ocupe el centro de nuestra vida. Por favor, sean descentrados. Nunca en el centro.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>El segundo pilar est&aacute; constituido por la expresi&oacute;n: &laquo;tomar el pulso del tiempo&raquo;, de la realidad, de las personas. No hay que tenerle miedo a la realidad. Y la realidad hay que tomarla como viene, como el arquero cuando patean la pelota y de all&iacute;, de all&iacute;, de donde viene, trata de atajarla. All&iacute; nos espera el Se&ntilde;or, all&iacute; se nos comunica y se nos revela. El di&aacute;logo con Dios en la oraci&oacute;n nos lleva tambi&eacute;n a escuchar su voz en las personas y en las situaciones que nos rodean. No son dos o&iacute;dos distintos, uno para Dios y otro para la realidad. Cuando nos encontramos con nuestros hermanos, especialmente con aquellos que a los ojos nuestros o del mundo son menos agradables, &iquest;qu&eacute; vemos? &iquest;Nos damos cuenta de que Dios los ama, de que tienen la misma carne que Cristo asumi&oacute; o me quedo indiferente ante sus problemas? &iquest;Qu&eacute; me pide el Se&ntilde;or en esa situaci&oacute;n? Tomar el pulso a la realidad requiere la contemplaci&oacute;n, el trato familiar con Dios, la oraci&oacute;n constante y tantas veces aburrida, pero que desemboca en el servicio. En la oraci&oacute;n aprendemos a no pasar de largo ante Cristo que sufre en sus hermanos. En la oraci&oacute;n, aprendemos a servir.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>&iexcl;El servicio, esa nota dominante en la vida de un sacerdote! No en vano el nuestro es un sacerdocio ministerial, al servicio del sacerdocio bautismal. Ustedes son, pr&aacute;cticamente, la &uacute;ltima realidad del Movimiento fundada por el Padre Kentenich; y esto encierra una gran lecci&oacute;n, es algo hermoso. Este ser los &laquo;&uacute;ltimos&raquo; refleja de modo claro el puesto que ocupan los sacerdotes en relaci&oacute;n a sus hermanos: El sacerdote no est&aacute; m&aacute;s arriba, ni por delante de los dem&aacute;s, sino que camina con ellos, am&aacute;ndolos con el mismo amor de Cristo, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos (cf. Mt 20,28). Creo que aqu&iacute; est&aacute; en esencia lo que el fundador de ustedes quiso para los sacerdotes: servir desinteresadamente a la Iglesia, a todas las comunidades, el Movimiento, para mantener su unidad y su misi&oacute;n. El sacerdote, por una parte, ha de subir al atalaya de la contemplaci&oacute;n para entrar en el coraz&oacute;n de Dios y, por otra parte, ha de abajarse &ndash;progresar es abajarse, &iexcl;eh!, en la vida cristiana-, ha de abajarse continuamente en el servicio, y lavar, curar y vendar las heridas de sus hermanos. Tantas heridas morales y espirituales, que los tienen postrados fuera del camino de la vida. Pidamos al Se&ntilde;or que nos d&eacute; unas espaldas como las suyas, fuertes para cargar en ellas a los que no tienen esperanza, a los que parecen estar perdidos, a aquellos que nadie dedica ni siquiera una mirada&hellip; y, por favor, que nos libre del &laquo;escalafonismo&raquo; en nuestra vida sacerdotal.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Ciertamente es una tarea exigente, que se hace llevadera y hasta hermosa con la fraternidad sacerdotal. Por favor, solos nunca. El ministerio presbiteral no se puede concebir de una manera individual o, peor a&uacute;n, individualista. La fraternidad es gran escuela de discipulado. Supone mucha entrega de s&iacute; a Dios y a los hermanos, nos ayuda a crecer en la caridad y en la unidad, y hace que nuestro testimonio de vida sea m&aacute;s fecundo. No somos nosotros los que elegimos a nuestros hermanos, pero s&iacute; somos nosotros quienes podemos hacer la opci&oacute;n consciente y fecunda de amarlos as&iacute; como son, con defectos y virtudes, con l&iacute;mites y potencialidades. Por favor, que en sus comunidades nunca haya indiferencia. Comp&oacute;rtense como hombres; si surgen discusiones o diferencias de pareceres, no se preocupen, mejor el calor de la discusi&oacute;n que la frialdad de la indiferencia, verdadero sepulcro de la caridad fraterna. Al final, con el amor, la comprensi&oacute;n, el di&aacute;logo, el afecto sincero, la oraci&oacute;n y la penitencia, todo se supera, y la fraternidad cobra nueva fuerza, nuevo empuje, llenando de gozo su sacerdocio. Aprendan a aguantarse, a pelearse y a perdonarse. Sobre todo, aprendan a quererse.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Contemplaci&oacute;n, servicio, fraternidad. Quer&iacute;a compartir con ustedes estas tres aptitudes que pueden ser de ayuda en la vida sacerdotal.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Al final de nuestro encuentro, perm&iacute;tanme que les encomiende humildemente tres cosas. En primer lugar, acompa&ntilde;ar y cuidar a las familias, necesitan ser acompa&ntilde;adas, para que vivan santamente su alianza de amor y de vida, especialmente a aquellas que atraviesan por momentos de crisis o dificultad. En segundo lugar, y pensando en el pr&oacute;ximo jubileo de la misericordia, que dediquen mucho tiempo al sacramento de la reconciliaci&oacute;n. Sean grandes perdonadores, por favor. A m&iacute; me hace bien recordar a un fraile de Buenos Aires, que es un gran perdonador. Tiene casi mi edad y, a veces le agarran escr&uacute;pulos, de haber perdonado demasiado. Y un d&iacute;a le pregunt&eacute;: &ldquo;&iquest;Y vos qu&eacute; hac&eacute;s cuando te agarran los escr&uacute;pulos?&rdquo; &ndash; &ldquo;Voy a la capilla, miro el sagrario, y le digo: Se&ntilde;or, perdoname, hoy perdon&eacute; demasiado, pero que quede claro que el mal ejemplo me lo diste vos&rdquo;. Que sean en sus comunidades sean testigos de la misericordia y la ternura de Dios. Y en tercer lugar, les pido que recen por m&iacute;, porque lo necesito. Los encomiendo con afecto al cuidado de nuestra Madre Tres Veces Admirable. Y que Dios los bendiga. Gracias.<\/div>\n<div>&nbsp;<\/div>\n<div>Fuente: Radio Vaticano<\/div>\n<p><a href=\"http:\/\/web.hilo.org.pe\/wp-content\/uploads\/testigosmisericordia.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ver archivo adjunto<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(RV).- El Papa Francisco alent? a los Padres de Schoenstatt a mantener vivo su carisma fundacional y a transmitirlo a los m?s j?venes. 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